lunes, 5 de octubre de 2009

Un adiós y un beso


— Prométeme… Prométeme que nunca te olvidarás de mí. Dime que me tendrás en tu corazón, porque yo lo haré, todos los minutos y segundos que estemos separados. — Cuando hablé, me sorprendió aquel sufrimiento que en su rostro demostraba, nunca lo había visto así, en toda nuestra niñez y juventud, nunca había demostrado aquel dolor, no me explicaba, si a él le dolía tanto esto, ¿Porqué decidía botar todos estos años de amistad e irse en busca de un futuro y trabajo? Tomó mi rostro entrelazando sus dedos a través de mis húmedos cabellos que por culpa de la lluvia seguían mojándose. Pude sentir su exquisito y especial aliento que hizo que mi corazón palpitara con una increíble rapidez. Nuestras narices se rozaron, haciendo que en un segundo, miles de descargas se transmitieran a través de mi cuerpo, inconcientemente cerré mis ojos dejándome llevar por los innumerables sentimientos y sensaciones que se infundían en mi interior. Era impresionante, como él, mi mejor amigo, me hiciera sentir aquello, tanto así que mis rodillas se sentían debilitas y mi corazón me pedía a gritos que no lo dejara ir. Levemente rozó mis labios con los suyos mientras que a la vez hacía pequeñas caricias con la punta de su nariz ¿Cómo con un simple roce mi mente dejaba de emitir alguna idea, quedando así, completamente en blanco? Sentí la duda en él por un par de segundos, pero los dos sabíamos que no podíamos hacer nada para pausar aquello, yo ya me había consumido completamente en él. En un tímido y dulce movimiento, me besó. Las piezas se encajaron perfectamente, al igual que sus labios con los míos, aunque no podría hacer algo, mi corazón no volvería a latir si él no estaba.

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